¿Los niños son de Mamá y las niñas son de Papá?

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Relaciones familiares

Seguro que lo has oído más de una vez, sobre todo en boca de madres y abuelas. También cuando se pregunta a los futuros padres por las preferencias sobre el sexo de su futuro hijo. ¿De dónde viene este dicho? ¿Qué hay de cierto en él?

Los dichos populares suelen encerrar más sabiduría de lo que parece. En este caso, hay mucho de verdad en que las niñas son de los padres y los niños son de las madres. A pesar de las excepciones, muchos padres tienden a sentir cierta debilidad por sus hijas, y muchas madres hacen lo mismo con sus hijos.

A menudo conocerás madres que son las mejores confidentes de sus hijos, y encontrarás muchos ejemplos de niñas que idolatran a sus padres por encima de casi cualquier cosa en el mundo. Del mismo modo, también es probable que hables con padres a los que les ocurre todo lo contrario, así como otros que no tienen ninguna preferencia entre sus hijos.

La fluidez o tirantez de las relaciones padre-hijo y madre-hija ha sido objeto de estudio de psicoanalistas como Freud o Lacan, y aún hoy en día es motivo de controversia. No obstante, la causa de este fenómeno es probable que esté en nuestros instintos, aunque también en nuestras tradiciones y en el modo en que se organiza nuestra sociedad.

Preferencias familiares

Las relaciones familiares han evolucionado mucho en los últimos años, y la educación de los niños es cada vez más abierta e igualitaria. Sin embargo, nuestra naturaleza y los roles que desempeñamos hombres y mujeres apenas han cambiado cuando hablamos de la educación y el cuidado de los niños.

En la mayor parte de los casos suele ser la madre quien suele pasar más tiempo con sus hijos. El papel del padre suele ser más secundario, circunscrito casi exclusivamente al terreno de los juegos y la autoridad.

Lo lógico es que hasta este momento no exista más preferencia que la de la madre, de la que niños y niñas suelen depender por igual.

A partir de los tres años, y acorde con el desarrollo psicosexual de los niños, comienza a perfilarse una leve atracción hacia el sexo contrario que hace que comiencen a imitar a sus progenitores del mismo sexo mientras muestran un reciente interés por los del sexo contrario. Es aquí donde comienzan los conflictos y nacen las preferencias.

Los niños desarrollan su personalidad absorbiendo todo lo que observan a su alrededor, imitando los comportamientos de los que les rodean y estableciendo su propia relación con el entorno:

Ellas quieren ser mamás

En el caso de las niñas, esto provoca que se muestren mucho más femeninas y coquetas, prefieran pasar más tiempo con sus padres, o que comiencen a discutir y rivalizar con sus madres, creando una relación de competencia en la que juegan a ser adultas.

A lo largo de este proceso es inevitable que se produzcan conflictos entre madre e hija y la relación sea más tirante, donde parece que cualquier motivo sea suficiente para un desacuerdo o un reproche.

Mientras tanto, la relación entre madres e hijos supone a menudo un bálsamo tras tanta discusión y contrariedad, ya que los niños, y hasta ciertas edades, suelen ser más dóciles y fáciles de conformar. Parece lógico que las madres se sientan más seguras y confiadas con ellos.

La intervención del padre a la hora de resolver conflictos tiene mucho que ver también con estas preferencias: los padres suelen ser más permisivos y manejables, algo que suele resultar más provechoso a las niñas que a los niños, generalmente menos habilidosos en estas artes.

Ellos quieren cuidar de mamá

En el caso de los niños, la relación padre-hijo tampoco está libre de conflictos: es probable que se genere una sana competencia del niño con su padre, querrá proteger a su madre mientras aprende a compartirla, la defenderá en discusiones, hablará de ella con admiración...

La convivencia

Del mismo modo, los niños se sienten más inclinados a comunicarse, contar sus problemas a su madre y escuchar sus consejos; ella se vuelve su confidente y su mejor amiga. La confianza que se genera entre madre e hijo es producto del contacto diario, ya que suele ser ella la que se ocupa de manera continua y a veces machacona de asuntos triviales y otros no tanto.

Esto se une a que la tradicional necesidad instintiva de protección de las hijas que tiene un padre es mucho mayor que en el caso de los hijos. Su papel tradicional en la sociedad es el de defender a sus hijas, a las que consideran más delicadas, y enseñar a sus hijos a defender a las mujeres y a ellos mismos.

Hacia la adolescencia esta preferencia por uno de los padres suele acentuarse, sobre todo si se favorece un ambiente de diálogo y comprensión. Con la edad adulta los conflictos tienden a desaparecer, y las relaciones entre padres e hijos y madres e hijas terminan por normalizarse y fortalecerse.

El amor de padres y madres por sus hijos es incondicional, pero eso no impide que uno de ellos sea el ojito derecho de papá o mamá.

Como en la vida diaria, muchos aspectos harán que te sientas mejor con unas personas que con otras, y eso no excluye a tus propios hijos. Sentir debilidad por alguno de ellos es inevitable, tanto si es niño como niña. Trátalos por igual e intenta compensar las diferencias si las hay. A la hora de resolver conflictos, no olvides nunca que son niños y que están aprendiendo.

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Nora

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