¿Quién paga el roscón de Reyes?

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El Roscón de Reyes es una de esas costumbres navideñas imprescindibles en cualquier reunión familiar durante estas fiestas. Es un postre delicioso que a todos les encanta, y no sólo por su sabor, sino también por el juego que se crea en torno a él.

Es curioso que el origen de esta receta nada tenga que ver con la Navidad o la cultura cristiana. De hecho, sus inicios se remontan al siglo II a.C., mucho antes del nacimiento del cristianismo.

El Roscón de Reyes proviene de una costumbre pagana: una rosca de miel que se elaboraba en la antigua Roma para celebrar las Saturnales. De ahí su forma redonda, en homenaje a los anillos del planeta Saturno que daban nombre a estas fiestas.

Durante esta época del año, que se corresponde con el inicio del invierno, los esclavos disfrutaban de una especie de vacaciones que les permitía renovar fuerzas para el resto del año.

Para celebrar el solsticio, repartían entre sus vecinos este dulce de miel, relleno de sus mejores frutos de temporada: higos, nueces y dátiles.

También era costumbre que, por estas fechas, los amos escondiesen un haba seca en algún lugar recóndito de la casa. El esclavo que la encontraba lograba su libertad durante las Saturnales.

Parece que fue hacia el siglo III d.C. cuando el haba seca comenzó a introducirse en el roscón de Reyes en homenaje a esta tradición y como símbolo de buen augurio.

Con la expansión del cristianismo, muchas prácticas paganas desaparecieron y otras muchas se incorporaron a nuestra cultura, formando parte de nuestras costumbres navideñas.

El roscón de Reyes continuó elaborándose con el haba escondida, sobre todo en países como Francia, Portugal, Italia y España. Ya en la Edad Media, y especialmente en Francia, el gateau de Rois, de hojaldre y crema de almendra, se asoció definitivamente al día de Reyes, y el haba pasó a simbolizar a Jesús huyendo de Herodes.  

En el siglo XVIII, uno de los cocineros de la corte de Luís XVI decidió introducir un cambio en esta costumbre navideña. Para sorprender al Rey, sustituyó la tradicional haba seca por un medallón de oro y piedras preciosas. Pronto, esta moda se extendió entre los cortesanos que ponían una moneda en el roscón para sorprender a los niños.

En España esta costumbre se incorporó a nuestra cultura de la mano de Felipe V, tío de Luís XVI, aunque los pasteleros catalanes sustituyeron la moneda por una figurita de porcelana, y el haba seca nunca llegó a desaparecer del roscón de Reyes.

De hecho, en Cataluña, el haba en el Tortel de Reyes, relleno de mazapán, designaba el representante de la familia en la Adoración de Navidad, todo un privilegio para el afortunado. En Portugal, sin embargo, el haba seca señalaba el encargado de elaborar el Bolo Rei del año siguiente.

En nuestro país, el roscón de Reyes se consume en la víspera y el día de Reyes, e incluye una corona para el afortunado que encuentre la figura, que se convierte en rey por un día. Del mismo modo, quien encuentra el haba tendrá que pagar el roscón, convirtiéndose en el popular “tontolaba”.

Muchos son los dulces típicos de Navidad que han perdurado a lo largo de los siglos. De hecho, la mayoría de nuestros postres navideños son recetas populares que celebraban estas fechas con sus ingredientes más preciados. El Roscón de Reyes es una de nuestras costumbres navideñas más tradicionales, y es un clásico de las reuniones familiares en este día tan especial para los niños.

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Nora

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