La agresividad infantil

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La agresividad infantil es una reacción adaptativa básica para el desarrollo emocional e intelectual de los niños. Es normal que aparezca en la conducta del niño a partir del primer año. Debemos saber frenarla, enseñando a éste a controlar los impulsos y sentimientos que la producen (frustración, enfado).

La agresividad infantil puede comprender violencia física o psicológica, y puede desarrollarse tanto de manera directa (una patada, un insulto) como indirecta (cotilleos, daño a las propiedades). Puede incluso no manifestarse de manera efectiva, quedándose en resoplidos, protestas, gritos o gestos.

El problema surge cuando esta violencia se mantiene en el tiempo y se convierte en el método exclusivo para conseguir lo que quiere, es decir, cuando se convierte en un patrón de conducta.

Para prevenir y erradicar la agresividad infantil debemos dar ejemplo y acompañar en los conflictos para que los niños aprendan a solucionarlos de manera pacífica:

  1. Es mejor evitar las discusiones violentas y los reproches. Debemos presentar las decisiones y normas con firmeza y unanimidad.
  2. Ignorar las rabietas y atender y dialogar cuando el niño está receptivo es la mejor manera de prevenir la agresividad infantil: es mejor premiar que castigar, valorando los comportamientos positivos e ignorando los negativos.
  3. Gestionar los conflictos ofreciendo alternativas y promover el diálogo dando ejemplo día a día.
  4. Nuestra labor es proteger y guiar, pero respetar la libertad  de decisión de nuestros hijos es fundamental para que aprendan a desenvolverse y tomar decisiones en el futuro. Es mejor dar opciones que imponer, aunque ambas posibilidades lleven al mismo fin.
  5. Escuchar y colaborar con los profesores nos permitirá establecer una dinámica común y conocer más a fondo cómo se relaciona con sus compañeros.
  6. La paciencia  y la constancia son imprescindibles para lograr resultados. Todo lo que se aprende se puede desaprender, pero siempre es más fácil si se hace bien desde el principio.

La agresividad infantil

Cuando la agresividad infantil se ha convertido en un patrón de conducta, hay que tomar cartas en el asunto rápidamente. Para que no ocurra esto, muchos centros educativos están implantando nuevos métodos para prevenir estos casos. Las tutorías entre iguales o Peer Tutoring son un método de aprendizaje cooperativo, y consisten en la creación de parejas de alumnos con el objetivo común de aprender y evitar problemas de conducta.

El alumno tutor aprende enseñando a su compañero y el alumno tutorizado lo hace gracias a la atención personalizada y a la ayuda que recibe de aquél.

En estas tutorías entre iguales el objetivo es establecer un cambio de roles además de una relación de aprendizaje entre alumnos. El alumno tutor experimenta las sensaciones del profesor, adquiere responsabilidades, y aprovecha sus enseñanzas gracias a esta experiencia mientras aprende y conoce a su compañero. El alumno tutorizado recibe una atención exclusiva y específica ya que el alumno tutor se encuentra a su nivel y le enseña desde un punto de vista común y más cercano, adaptándose a sus necesidades.

El objetivo final de estas tutorías es que los alumnos comprendan que todos somos diferentes y que hay muchos modos posibles de pensar y ser. Todos ellos tienen el mismo derecho a desarrollarse y convivir sin conflictos, respetando la diversidad de los que nos rodean y estableciendo nuevos métodos de convivencia que eliminen la agresividad infantil.

La agresividad infantil es un tipo de conducta que se aprende por imitación, por lo que el mejor modo de prevenirla es evitar que los niños presencien este tipo de comportamientos en su entorno. Si en casa aprenden a solucionar sus problemas dialogando, es más probable que se acaben acostumbrando a solucionar sus conflictos de manera pacífica. Enseñarles a comunicarse de manera positiva mejorará sus habilidades sociales y su capacidad resolutiva.

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Carol

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