El sueño infantil

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El sueño infantil

A los niños les encanta hacerse los remolones a la hora de irse a la cama. Pedirte agua, contarte algo "superimportante" o sus temidas pesadilla son algunas de las artimañas para no dormir. Las buenas costumbres a la hora de irse a la cama son vitales para prevenir los trastornos del sueño.

Es lógico que a los niños les cueste trabajo irse a dormir: conciliar el sueño puede resultarles aburrido y querrán escoger horas de sueño diferentes a las que nosotros les marcamos, como la siesta o durante la noche.

Es normal que un bebé recién nacido duerma a lo largo del día a su antojo y durante períodos más o menos largos de tiempo, pero también es importante que empiecen a seguir unas pautas de sueño para que aprendan cuanto antes a conciliar el sueño y que sus horarios comiencen a parecerse a los tuyos.

A partir del primer mes ya puedes dejar a tu bebé dormir por la noche durante 6 o 7 horas sin tener que despertarlo. Si tu bebé padece los tan temidos cólicos del lactante, es aconsejable que esperes a que hayan pasado para empezar a establecer unas pautas de sueño.

Debes ser firme y tener claro tu objetivo, porque al bebé le costará distinguir entre la noche y el día y es posible que empiece a rebelarse contra las siestas o las horas de sueño continuado durante la noche. Probablemente intentará por todos los medios que no te separes de su lado y llorará buscando tu atención. Es el momento de no ceder y establecer unas pautas de sueño que le permitan aprender a dormir bien y evitar la aparición de trastornos de sueño más adelante:

  1. Establece horarios de sueño acordes con sus necesidades que se parezcan a los tuyos. Algunos bebés necesitan dormir más que otros, pero todos deberían hacerlo más o menos durante 8 o 9 horas durante la noche sin despertarse y una buena siesta por la tarde al menos hasta que hayan cumplido los cinco años.
  2. Si el bebé llora cuando lo dejas, debes esperar a que se calme solo. Si no lo hace en un par de minutos, entra en la habitación y vuelve a acostarlo con cariño explicándole que es la hora de dormir y vuelve a retirarte. Si vuelve a llorar, espera un poco más antes de acudir, unos cinco minutos más o menos, y repite la operación. Si la situación continúa repite este patrón alargando los tiempos cada vez más. Puedes ayudarte de Apps como Baby Snooze, que controlan los tiempos de espera. Es probable que durante las primeras noches te mantenga en vela durante bastante tiempo, pero si eres constante pronto verás resultados. No cedas, o entenderá que si llora no tendrá que dormir, el problema se agravará y tú te pasarás las noches consolando a tu bebé, que, al dormir mal por las noches, estará cansado y somnoliento durante el día.
  3. El bebé debe dormir en su cuna o serón como norma general. Eso no significa que no puedas consolarlo o llevártelo contigo a la cama en situaciones excepcionales, pero si lo haces a menudo, pronto tendrás al niño durmiendo en tu cama todas las noches y te será mucho más difícil que se acostumbre a dormir en la suya.

Cuando crecen un poco, hacia los dos años, más o menos, los niños empiezan a jugar con los límites, experimentando hasta dónde pueden llegar e inventando estratagemas para evitar que te marches de su lado. Es ahora cuando debes ser más firme con las pautas de sueño y no claudicar ante las continuas artimañas que se inventará para no dormir: tengo sed, tengo hambre, cuéntame un cuento, tengo miedo, quiero hacer pis...

No asocies el sueño con un castigo, el niño debe entender que dormir es una sensación placentera e ineludible. Establece rutinas predecibles y sé rigurosa cumpliendo los horarios, sobre todo al principio, pero haz excepciones cuando tenga mucho sueño o esté demasiado excitado. Acompáñalo a la cama y permanece con él un rato, despídete con cariño, acuéstalo dejando encendida una luz suave y retírate.

La relajación es muy importante a la hora de conciliar el sueño. A la hora de irse a dormir, todo debe estar enfocado para que nos sea más fácil hacerlo: un baño relajante antes de cenar, una cena digestiva y ligera, un tono de voz suave y sosegado, un cuento alegre y tranquilo antes de descansar, una luz indirecta y un poco de música suave y relajante ayudarán a preparar el ambiente para que a los niños les cueste menos trabajo quedarse dormidos.

El refuerzo positivo y la rutina te ayudarán más que nunca a establecer los horarios y límites que necesita para dormir a sus horas y evitar que se produzcan trastornos del sueño en niños que podrían agravarse en la edad adulta.

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Emma

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